A economistas y ciudadanos se nos ha inculcado la falacia de que la deflación es siempre mala. El razonamiento base es el de que la deflación postpone el consumo y por tanto es malo para la economía. Este razonamiento es erróneo y no se produce ni en todos los productos ni en deflaciones suaves y moderadas.
Un ejemplo lo estamos viendo con la gasolina actualmente (sabemos que los precios de los combustibles se adaptan una semana después más o menos a las bajadas del petróleo tan bruscas que estamos teniendo) Desde hace semanas sabemos que el precio de la gasolina y el gasóleo se irían reduciendo en un porcentaje importante con el paso de los días y no he conocido a nadie que por este motivo haya postpuesto su consumo inmovilizando una temporada su coche en el garaje.
Podríamos inferir que si tenemos una deflación anual superior al 10%-20% los consumidores postpusieran el consumo de muchos productos, pero no lo harán como consecuencia de deflaciones de décimas (como tenemos actualmente) o en pequeños porcentajes.
La deflación moderada es positiva para todos los ciudadanos, excepto para los que están endeudados. Es mucho mejor que salarios y precios bajen un 2% a que ambos suban en ese mismo porcentaje, y, sin embargo, la mayoría de los mortales, trabajadores con ahorros y sin deuda incluídos, preferirían la segunda de las opciones. Incluso me atrevería a afirmar que muchas personas preferirían aumentos de salario del 2% con inflación del 4% a disminuciones del salario del 2% con deflación del 4%. ¡De locos!
Es triste que con la excusa de clavarnos el injusto impuesto de la inflación, se nos haya hecho creer que la deflación es siempre mala, lo cual no es cierto.